"EL RELATO", partes V, VI y VII




PARTE V por Erierd



Mientras calibraba la antena del equipo le vino a la mente una antigua cuestión. Los científicos aún no habían determinado qué ocurría cuando el Viaje fallaba. Los scáneres cerebrales de los que se quedaban a mitad de camino mostraban actividad, pero no existía reacción alguna a los estímulos externos. Se les enviaba al Pabellón de Recuperación, a la espera de que el nombre hiciera un milagro y devolviese la conciencia a los que ya se daban por perdidos. Se les cuidaba con respeto y dedicación durante los periodos que durase su existencia, y se les enterraba con honores cuando pasaban al Otro Lado. Dos tercios de los que Viajaban no volvía. La totalidad de los que no volvían, jamás Despertaba.Tiene gracia - pensó. - Me he convertido en una estadística.



PARTE VI por Radio Telperion



Se detuvo y miró a su alrededor. Había seguido todo los protocolos punto por punto. Era un agente experto y disciplinado, su expediente intachable lo avalaba, pero estaba clar que había dejado atrás, desde hacía ya unas horas, todos los límites que marcaban los manuales. Ahora estaba solo, o eso pensaba...El sobresalto hizo que su corazón frenara en seco. El silencio absoluto, irreal, que reinaba, se rompió. Un gruñido, metal arañando roca, había algo detrás de la casa, algo quizá vivo.


PARTE VII por Pallando el Viajero


Todas sus reflexiones habían sido silenciadas de golpe por aquel sonido que no debía estar allí. Ese extraño nerviosismo que había notado desde que volvió en sí había crecido hasta acaparar sus cinco sentidos.


Rápida pero cautelosamente comenzó a bordear la casa por el lateral más cercano. ¡Como podía haber sido tan estúpido! No sólo había conseguido regresar de su viaje al otro lado ¡Había traído polizones consigo!


Las órdenes que recibió en la academia militar eran tajantes al respecto, estaba terminantemente prohibido iniciar un regreso si existía la más mínima posibilidad de que algo o alguien contaminara tu viaje de retorno. Sin embargo su atropellada huída le había hecho comportarse como un novato y olvidar las precauciones más básicas.


Su equipo comenzó a recibir señales del entorno, pero a pesar de la intensa sensación de peligro que percibía nítidamente sus detectores de presencia permanecían en silencio.Entonces alcanzó la parte posterior de su casa y lo que vio le dejó aterrado. Un DIHA de casi cuatro metros, las bestias de choque del ejército enemigo, comenzaba a ponerse en pie, todavía confundido por el viaje de retorno. Tenía que ponerse a cubierto de su tremendo sentido del olfato ¿pero donde? De repente alguien le atenazó el brazo y le susurró “Espera”.

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